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Las Dos Grandes Energías que Originan los Incendios Vehiculares: Una Mirada desde la Experiencia Pericial

by Genaro Figueroa Contardo - Perito de Incendios Dic 09, 2025 0 Comment

En la investigación de incendios vehiculares existe una enorme variedad de factores, fallas, mecanismos y condiciones que pueden derivar en un fuego. Sin embargo, cuando se analiza el fenómeno desde su raíz energética, desde aquello que realmente es capaz de iniciar la ignición, el universo de posibilidades se ordena de manera sorprendentemente simple: todo incendio vehicular nace, directa o indirectamente, de una de dos grandes fuentes de energía.

Esta reflexión no surge de la teoría, sino de la práctica acumulada en terreno, del contacto constante con motores dañados, ramales eléctricos carbonizados, sistemas de escape obstruidos y vehículos cuyo comportamiento previo al incendio queda registrado solo en lo que deja la evidencia física.

Después de muchos casos, el patrón es consistente. El origen siempre se reconduce a una de estas dos energías madre:


  1. La Energía Eléctrica

El circuito eléctrico de un vehículo moderno es, en sí mismo, un ecosistema dinámico: alternadores, fusibles, módulos de control, sensores, cables que cruzan zonas calientes y otros que conviven con humedad, vibración y corrosión.

Cuando alguno de estos elementos falla, la consecuencia puede ser inmediata:

un cortocircuito,

un punto de resistencia elevada por mal contacto,

un arco eléctrico,

o el sobrecalentamiento de un componente crítico.

Cualquiera de estos fenómenos puede constituirse en una fuente eficaz de ignición, especialmente cuando a su alrededor existen materiales plásticos, aislaciones, combustibles atomizados o vapores inflamables.

La energía eléctrica es, en muchos casos, la primera sospecha y, estadísticamente, una de las causas más recurrentes a nivel mundial.


  1. La Energía Mecánico–Térmica del Motor y su Proceso Operacional

La segunda gran energía capaz de originar un incendio proviene del propio proceso mecánico del vehículo: admisión, inyección, combustión, transmisión y escape. Cada etapa es un sistema en sí mismo, y cualquier alteración puede desencadenar efectos que comprometen la seguridad térmica del conjunto.

Una falla en la admisión, por ejemplo, altera la mezcla y afecta directamente la inyección; una inyección deficiente puede generar goteos o pulverizaciones irregulares de combustible; una fuga mínima, si encuentra una superficie a alta temperatura —un múltiple de escape, un turbo, un catalizador sobreexigido—, es suficiente para iniciar el fuego.

Del mismo modo, la falta de lubricación, la fricción excesiva, la obstrucción del escape o la pérdida de fluido refrigerante pueden elevar las temperaturas del motor a niveles que superan fácilmente los umbrales de ignición de grasas, aceites o polímeros.

Este tipo de fallas rara vez ocurre en un vacío mecánico. Por lo general, están acompañadas de lo que llamamos factores modificantes: elementos que no causan el incendio por sí solos, pero que facilitan que la energía disponible pueda encender algo que normalmente no debería arder.
Entre ellos:

pérdida o escasez de coolant,

obstrucciones en el escape,

recirculación de gases deficientes,

mangueras fatigadas,

sellos endurecidos por el calor,

o mantenciones incompletas.

En conjunto, estas condiciones multiplican la probabilidad de ignición.


Una Visión Integral para la Investigación

En la práctica pericial, esta división en dos grandes energías no solo ordena el análisis, sino que ayuda a entender la lógica del incendio.
Permite seguir la secuencia:
fuente de energía → falla → liberación de material combustible → contacto con una superficie caliente o un fenómeno eléctrico → ignición.

Este enfoque es especialmente útil cuando el daño es extenso y la lectura de evidencias requiere reconstruir procesos invisibles.

Comprender estas dos energías —la eléctrica y la mecánico–térmica— permite al investigador ver el vehículo como un organismo donde cada sistema se relaciona con otro. Y, sobre todo, nos recuerda que un incendio vehicular no es un acontecimiento espontáneo: es la culminación de una serie de desbalances que, si se detectaran a tiempo, podrían haberse evitado.


Conclusión

Toda causa específica —una manguera rota, un cable en cortocircuito, un catalizador sobrecalentado, una fuga de aceite, un relé defectuoso— siempre pertenece a uno de estos dos grandes grupos.
Esa comprensión simplifica, ordena y fortalece el proceso de investigación y permite comunicar, de manera clara y didáctica, por qué los vehículos arden y cómo podemos prevenirlo.

Tags: Argentina Bolivia Bomberos Chile Incendios Paraguay Peritaje de Accidentes Peritaje de incendios Perú Uruguay
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